El Consejo de Sabios.
Wednesday, May 26th, 2010Existió en la antigüedad un lejano país donde todos sus ciudadanos podían hacer lo que quisieran. Así, existían altos cargos cercanos al poder que no tenían problemas morales por recibir expléndidos regalos a cambio de favorecer a algunos para conseguir lo que querían. Era tal la anarquía existente que a todos esos altos cargos nunca les pasaba nada, ni aún llevándoles ante la justicia, ya que al final todo quedaba en unas palmaditas en la espalda y en “hoy por tí, mañana por mi”.
Ese país estaba gobernado por un monarca obsesionado con el poder, un monarca soberbio y egoista que hacía ley de su palabra, que imponía su voluntad por encima de cualquier razonamiento y que tenía la seguridad de que no moriría nunca.
Los subditos de aquel país, cansados de tanta corrupción, de la soberbia de su monarca, de sentir como las leyes sólo existían para los mas desfavorecidos, decidieron en secreto acudir a sabios y pensadores para buscar una solución a todo aquel libertinaje político que había convertido a su país en objeto de burlas y chanzas de los vecinos reinos.
Aunque aquel monarca se suponía que gobernaba bajo un sistema parlamentario, allí se hacía lo que a él y a sus bien saciados consejeros y cortesanos les daba la gana; sin otro argumento en contra de los que se oponían a sus descabellados planes que el insulto, la mofa y el descrédito.
Los sabios y pensadores crearon el “Consejo de Sabios” con la finalidad de estudiar que estaba pasando allí y buscar soluciones. Lo primero que observaron fue la falta total de respeto que existía en aquel parlamento, donde los que decían representar a los ciudadanos pasaban demasiado tiempo insultándose y llegaron a la conclusión de que para empezar a arreglar las cosas, lo mínimo que se necesitaba en un representante del pueblo era Educación.
Siguieron analizando las cosas y descubrieron que la mayoría de las veces, los desacuerdos y los insultos se producían por recordar, y echar en cara, errores del pasado; y llegaron a la concusión de que había aprender de los errores, los propios y los ajenos, para poder mirar al futuro y construir con seguridad una nueva nación y dejar de los reproches, los odios pasados y las envidias.
Otra de las cosas que averiguaron aquellos Sabios y pensadores fue que muchas de las propuestas a las que se oponían uno y otro grupo encontraban su fundamento de oposición en ideologías caducas y poco evolucionadas a las que ambos se ataban. Concluyeron que lo mejor era dejar las ideologías en los libros de historia y que el país funcionaría mejor decidiendo las cosas sobre la realidad actual.
De la continua observación, el “Consejo de Sabios” vio que todos los grupos tenían un único propósito, obtener beneficios propios anteponiéndolos a las necesidades de los ciudadanos, por lo que llegaron a la conclusión de que las personas que se presentasen a representar al pueblo deberían poder ser destituidas de su puesto por los ciudadanos, hubiera o no concluido su mandato.
Una de las cosas que más dolió a aquellos Sabios fue encontrar tanto deseo de enriquecimiento rápido e ilícito dentro de las filas de aquellas formaciones políticas y crearon severas leyes en las que obligaban a la explusión del corrupto, sus defensores y sus socios de la agrupación a la que perteneciese de forma inmediata, restitución de los bienes, inhabilitación de por vida para cualquier cargo público y la pena de cárcel que le correspondiera.
Dieron por teminada la primera parte de su estudio concluyendo que en un parlamento democrático y libre debe primar la educación por encima de todo, las necesidades de los ciudadanos en segundo lugar por encima de ideologías, que el pueblo tendría la potestad de destituir a los representantes que no cumplieran su función y que había que terminar con la corrupción asociada al poder.