El Rey que tenia muchos amigos.
Hace mucho, mucho tiempo, cuando en el mundo ni se pensaba en la democracia, existió un reino donde gobernaba un gran rey rodeado de un inmenso séquito de de consejeros, cortesanos, artistas y todo tipo de noble que vivía a costa del tesoro real. Las arcas reales se llenaban a través de impuestos, más o menos justos, que soportaban los subditos del reino con pesar y resignación, amen de multas, confiscaciones y demas cobros extraordinarios. En el palacio real se vivía con toda suerte de lujos y derroches, era tal la vida que llevaban que el rey, pagado de si mismo en exceso, acostumbrado al lujo y la ostentación, no reparaba en gastos a la hora de invitar a los reyes y sequitos de los países que consideraba amigos bajo la excusa de parlamentar de temas comunes, y a los que siempre, siempre, terminaba prometiendoles ayuda y enviándoles dinero que mermaban las reales arcas.
Desgraciadamente, vino una gran epoca de escasez, empezó siendo un algo poco llamativo, pero los subditos reales cada día lo tenían más crudo para pagar los préstamos solicitados para comprar sus bienes, para pagar los impuestos que exigía el real tesoro, para comer, para vivir. Poco a poco, aquel que tenia jornaleros los fue despidiendo por que no les podía pagar, viendo como sus cosechas y tierras se estropeaban. Los jornaleros, que se quedaban sin trabajo, intentaban acudir a las mermadas arcas reales a ver si podían darle unas miseras monedas para poder alimentar a sus hijos….. El rey, que quería estar bien con todos, prometio limosnas sin perveer que se quedaría sin nada.
El tesorero real avisó en varias ocasiones al monarca del riesgo de seguir menguando las reales arcas, pero el monarca, acostumbrado a que sus subditos aceptasen sus decisiones sin quejarse, decidió aumentar los impuestos, agravando aún más la situación de los pocos que aún podían dar trabajo y que terminaron por empezar a despedir a más y más jornaleros que se veían en la necesidad de robar para mantener su familia.
Después de muchos avisos por parte del tesorero real, de muchos meses repitiendo al rey que las arcas se secaban, de advertirle que terminase con tanta ostentación, tanto gasto inútil, tanto subvencionar a vagos, tanto favorecer a los que nada aportaban al reino, el rey se vio en la encrucijada de tener que recortar esas explendidas dádivas granjeandose la enemistad de todos esos consejeros, cortesanos, artistas y todo tipo de noble que vivía a costa del tesoro real.
Quiso el rey ahorrar cuando poco quedaba ya para ahorrar, cuando los subditos no tenían nada para pagar los impuestos, cuando los jornaleros se convirtieron en perseguidos por prestamistas y comerciantes, cuando su reino se arruinaba…. Pero aún así, el rey no deseaba reducir sus ostentosidades, y en un acto de soberbia empezó a embargar los bienes de sus subditos, a encarcelarlos por insolventes, a castigarlos por que él, el rey, no quiso alejarse de todos aquellos consejeros, cortesanos, artistas y todo tipo de noble que vivía a costa del tesoro real y que nada le aportaban.